True Music Festival

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Un fin de semana con 140 artistas tocando en 15 salas míticas de Madrid. Esta es la interesante propuesta del Ballantines True Music Festival. El concepto es innovador y muy atractivo, ¿a quién puede no gustarle disfrutar de la música en ambientes más acogedores y diferentes?. Yo desde luego, me entrego a esta causa.

Al principio estaba un poco escéptica porque el cartel estaba lleno de grupos que mueven masas como Lori Meyers o Miss Caffeina y el aforo muy limitado. Pero pensé que, como en cualquier festival, hay que organizarse y priorizar.

El mismo sábado por la mañana compré las entradas con las que fui a recoger una pulsera con un código de barras que te permitía entrar a las salas. Era muy importante era hacer check in, pero sobre todo check out en las salas. La app del festival resultó súper útil porque te indicaba en tiempo real el aforo de las salas.

Decidí apostar por la música patria. La primera parada fue Lori Meyers. Me quedé sin entradas en La Riviera para verles presentar “En la espiral” y tenía muchas ganas de escucharles de nuevo en directo. Su sala fue la Galileo Galilei con el aforo completo desde antes de comenzar, aunque no terminé de entender por qué no se habilitó la planta de arriba. Tocaron en formato acústico temas clásicos como “Mi Realidad” o “Luces de Neón”; temas de “Impronta” como “Emborracharme” y temas nuevos como “Zona de Confort”, “Siempre Brilla el Sol” y mi favorita, “Océanos”. Todas sonaron muy diferentes. Los giros acústicos, a veces hasta con toques de bossa nova, les sentaron de maravilla. El cierre con toque rumbero de “Alta Fidelidad” puso el punto final perfecto para un público entregadísimo.

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La segunda parada fue en el Círculo de Bellas Artes para ver a L.A. Esta banda era desconocida para mi hasta que les vi teloneando a Band of Horses y me enamoraron. Probablemente el verles en directo de nuevo fuera la razón principal para ir al festival. Además, la sala Neptuno del Círculo de Bellas Artes fue un escenario más que especial.

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Luis Albert (L.A.) y su banda presentaban King of Beasts que está a la venta desde el 28 de abril. A pesar de ser un grupo casi desconocido para mi, tienen una carrera muy prolífica (este es su séptimo álbum) y mucha proyección a nivel internacional. Como digo, aunque soy una neófita de L.A., sí que he apreciado que este nuevo trabajo tiene un cambio a melodías mucho más ricas y diversas que convierten los directos en una mezcla muy interesante. Si a esto le unimos la perfecta voz de Luis Albert, lo que te queda es el show más redondo de la noche.

Lo único que deslució un poco fue el público que estaba tomando posiciones para The Zombie Kids, que fue incapaz de respetar y había un murmullo constante muy molesto.

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Feliz tras el concierto de L.A. del que me llevé su maravilloso vinilo blanco, nos fuimos corriendo a nuestra tercera parada, la sala El Sol. Llegamos in extremis, creo que fuimos los últimos en pasar a una sala a reventar para ver a Carlos Sadness. El concierto ya había empezado hacía 10 minutos y el buen rollo recorría cada rincón con rap y melodías alegres y enérgicas. Nunca había escuchado a Sadness en vivo y me llevé una grata sorpresa porque interactúa con el público como hacía tiempo que no veía a un artista hacerlo. Allí anunció que está grabando un trabajo nuevo, se despidió de “Celeste” y cantó trap. Sonó especialmente bien “No Vuelvas de Japón“, la despedida fue con la aclamada “La Electricidad” y el fin de fiesta lo puso su versión de “Groenlandia“.

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Con todo el buen rollo del mundo, intentamos entrar en el Costello Club para ver la última media hora del concierto de Alondra Bentley. La aplicación decía que el aforo estaba en ámbar, así que a lo mejor teníamos suerte. Al llegar nos dimos cuenta que no fuimos los únicos que tuvimos esa idea y a los cinco minutos se completó el aforo y no pudimos entrar.

Un poco cansados y acalorados, decidimos hacer una parada técnica en el Costello pensando en el Dj set de Delorian que empezaría después de Alondra. Pero la sala estaba demasiado llena como para poder respirar y al no encontrar la fiesta perfecta, clausuramos nuestro True Music Festival. Me gustó mucho el concepto y la experiencia fue muy divertida. Repetiría sin dudarlo.

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